Liderazgo en valores

Segell humàPor Nuria Sierra, vocal de la Junta Directiva de la Sociedad Catalana de Gestión Sanitaria. Directora de gestión del Institut de Diagnòstic per la Imatge. Parc Sanitari Pere Virgili

¿Cómo debe ser un líder ético? ¿Cuáles son los valores que debe impregnar a la organización? ¿Cómo adaptarse a los tiempos de cambio que estamos viviendo? Estas fueron algunas de las cuestiones que el filósofo Francesc Torralba planteó en la sesión sobre liderazgo organizada el pasado 9 de marzo por la Sociedad Catalana de Gestión Sanitaria.

Habló del líder ético como servidor de las instituciones a las que dirige, como la persona que cuida de las personas y de las organizaciones. Y también resaltó los valores que ha de tener este nuevo líder e hizo referencia a las organizaciones piramidales y jerárquicas que con frecuencia se dotan de líderes autoritarios, con las que las nuevas generaciones no se identifican.

Ante esta realidad, ¿cuál es el camino? Según Torralba, es necesario cambiar estos tipos de liderazgos y hacerlo adaptándose a los siguientes valores, más acorde con las necesidades actuales:

El primero, el de la prudencia: cautela y análisis de las consecuencias de tomar las decisiones.

El segundo el de la humildad entendida como la aceptación de las propias limitaciones: el líder no debe conocerlo todo, lo más importante es acompañarse de aquellos que lo conocían y sobre todo promover el trabajo de equipo, saber gestionar personas. Tener, pues, inteligencia social.

Un tercero sería el de la práctica de la justicia: ser consciente de que hay que repartir los roles entre el grupo, según las capacidades de cada uno y tener empatía con los colaboradores.

Y finalmente, el cuarto y último valor, la ejemplaridad: hay que hacer lo que se dice o se exige a los demás. Es, en definitiva, lo que transmite confianza y da autenticidad.

La reflexión que se me plantea es que estos valores que acabo de mencionar son precisamente opuestos al modelo de liderazgo más extendido y que, además, contrastan con lo que la sociedad actualmente valora o premia, como la competitividad, el individualismo o la arrogancia. Llegados a este punto, creo que es importante que nos demos cuenta de la urgencia de cambiar estas referencias y buscar un modelo que responda a las necesidades del cambio en el que todos estamos inmersos.

El liderazgo desde la escucha, la reflexión, desde la honestidad, desde la aceptación de las limitaciones, desde la participación en la gestión de las personas. Esto es lo que habría que exigir a los nuevos líderes.

Y es que ahora mismo, reconozcámoslo, venimos de una formación y de una inercia contraria y, por tanto, habrá un ejercicio de cambio, de adaptación y sobre todo de aprendizaje importante. Y tendremos que hacerlo. Segurísimo. Para que las nuevas generaciones ya no aceptan líderes autoritarios, piden participación, escucha y sobre todo entender las razones de la decisión tomada.

Ahora se habla también de feminizar la gestión, de liderazgo femenino. No quisiera entrar en consideraciones de género, pero lo que sí quiero es defender y reivindicar que algunos estilos más inherentes a nuestro perfil, en la gestión hacia las personas, el servicio a los demás, la prudencia o la escucha, se puedan desarrollar plegamiento. Optar por la complementariedad de los estilos será una mejora para todos y eso, indefectiblemente, pasa por aceptar las limitaciones de cada uno.

Los tiempos están cambiando y las exigencias son diferentes. Necesitamos incorporar todo aquello que sea necesario para responder a las necesidades de la gestión actual. El estilo de liderazgo que ahora conocemos está en crisis y, por tanto, tenemos una oportunidad para la transformación. Debemos ser valientes para defender el liderazgo desde los valores. Y desde la Sociedad Catalana de Gestión Sanitaria no sólo tenemos la oportunidad, sino la obligación de hacerlo posible.