Del paternalismo al liderazgo colaborativo y transformacional

Roser Fernández web CASTRoser Fernández

Directora general de La Unió

Vocal de la Junta Directiva de la Sociedad Catalana de Gestión Sanitaria

Uno de los aprendizajes en la gestión del Covid19 con más voluntad de arraigo es el del empoderamiento a los profesionales. A menudo, sin embargo, se interpreta como una reivindicación corporativista y se contrapone al valor del liderazgo en las organizaciones.

El empoderamiento no es sinónimo de individualismo. El empoderamiento no es un proceso unidireccional, ni paternalista, ni reivindicativo, ni jerárquico. Nadie empodera a nadie ni salva a nadie. Es el resultado de un proceso de interacción, de una nueva manera de liderar las organizaciones basada en el desarrollo de la confianza y de las capacidades de decisión individual y colectiva.

El empoderamiento no es un concepto nuevo. Nació en los años sesenta, en las luchas de liberación de la opresión, y en el trabajo de educación popular de la mano de Paulo Freire. El empoderamiento asociaba a dar voz a los colectivos vulnerables, especialmente a las mujeres. Progresivamente se ha trasladado a la gestión empresarial y el desarrollo personal bajo el concepto de “proceso multidimensional de carácter social en donde el liderazgo, la comunicación, y los grupos autodirigidos, reemplazan la estructura piramidal mecanicista por una estructura más horizontal donde la participación de todos y cada uno de los individuos dentro de un sistema, forman parte activa del control del mismo con el fin de fomentar la riqueza y el potencial del capital humano, todo lo que posteriormente se verá reflejado no sólo en el individuo sino también en la misma organización”.

Apostar por este modelo de liderazgo colaborativo significa respetar la cadena de empoderamiento a todo los niveles, así como la aportación de valor de todos y cada uno de los agentes que lo integran. Los parlamentos deben respetar a los gobiernos, los gobiernos deben respetar a las organizaciones y a los agentes sociales, los consejos de administración a los equipos directivos, los equipos directivos a los profesionales, y a  todos los ciudadanos o destinatarios de los servicios. Es el empoderamiento basado en un objetivo común, la confianza, el conocimiento, el humanismo y la gestión professionalizada la que construye y da servicio.

El empoderamiento, que va mucho más allá del otorgamiento de privilegios o de poder, impone responsabilidad. Exige el desarrollo de capacidades para decidir, tener acceso a la información y a los recursos para tomar una decisión apropiada, habilidad para ejercer asertividad en la toma de decisiones colectivas, contar con un pensamiento positivo y la habilidad para hacer cambios, aprender y mejorar, así como para cambiar las percepciones por medios democráticos.

El empoderamiento responsable requiere de organizaciones flexibles y capacidad de gestión, reconocimiento profesional y exigencia de resultados, mecanismos de interacción que favorezcan la toma de decisiones informada y el trabajo en equipo.

En definitiva, una cultura organizacional madura que va mucho más allá de reivindicaciones de presencia en los órganos de gobierno o de desarrollo burocrático de órganos de participación. El apoderamiento transversal es mucho más exigente.

Einstein decía: “Nunca se puede resolver un problema pensando de la misma manera con la que se ha creado”.

Aprovechemos la sacudida del impacto en el gobierno y la gestión del Covid19 para poner en valor las organizaciones, el liderazgo colaborativo y transformacional y la gestión profesionalizada. Recuperamos e incentivamos el valor de la ética de la buena gestión de los recursos y de los servicios públicos en lo que importa a la gente: resultados en términos de salud y calidad de vida, accesibilidad, seguridad, eficiencia y satisfacción. Si este es el objetivo que compartimos, sólo hay una manera de lograrlo: respetar la cadena de empoderamiento interactivo desde un liderazgo estratégico en que todos sentimos corresponsables de los resultados.

Nuestro sector tiene las bases para hacerlo, los resultados lo avalan, y la Covid19 ha puesto una vez más sobre la mesa las fortalezas y debilidades de los modelos e instrumentos de gestión. Superemos las zonas de confort, apostemos por el liderazgo colaborativo, y exijamos hacernos los cambios transformacionales que tenemos que hacer, seamos generosos en dar espacio a nuevos liderazgos, y legitimemos juntos ante la sociedad un cambio en las bases de un debate demagógico que acaba dando cobertura a resistencias interesadas que pueden acabar limitando la capacidad de respuesta a las necesidades presentes y futuras en la mejora de la salud y el bienestar de las personas.