Ramon Cunillera

Un nuevo modelo contractual para mejorar las condiciones de los profesionales de la sanidad

Ramon Cunillera CAST web-2Por Ramon Cunillera

Vocal de la Junta Directiva 

Sociedad Catalana de Gestión Sanitaria

El control de la enfermedad del Covid19, que no su desaparición, en los países occidentales europeos ha provocado un alud de propuestas y consideraciones sobre el futuro de los sistemas sanitarios, especialmente en los países en los que la cobertura universal de su sistema de salud es a la vez solución (por la garantía de equidad y de acceso) y problema (por la difícil sostenibilidad económica), como ocurre actualmente en España y en Cataluña.

Recientemente, la Sociedad Catalana de Gestión Sanitaria, los colegios catalanes de médicos y de enfermeras, y más de una decena de las más importantes sociedades científicas del país apoyaban una propuesta común de transformación del sistema sanitario del que se han hecho eco algunas editoriales de los periódicos más importantes, como La Vanguardia y el diario ARA.  Dicha propuesta transversal, reflexiva, serena, pero al mismo tiempo urgente, recoge aspectos relacionados con la financiación del sistema, la gestión de las organizaciones, la mejora de la salud pública, la preparación ante futuras epidemias, con el acompañamiento a las personas mayores y con el modelo de contratación y retribución de los profesionales de la salud.

La situación contractual de los profesionales de la salud es un tema de largo debate en Cataluña. Lo fue durante los años 90, por la situación de los especialistas sin título oficial, lo continuó siendo por la situación de las interinidades  (la eterna trampa de la ocupación pública) y la precariedad temporal de contratos, también lo fue durante la primera década del siglo  XXI, cuando se organizaron los intensos y desaprovechados foros de la profesión médica y enfermera, y entró en una auténtica crisis en 2010, cuando los continuados ajustes recortan la capacidad adquisitiva de los profesionales entre el 20 y el 30%, en los últimos ocho años.  Finalmente, el hecho de tener que enfrentarse a una crisis sanitaria inédita, de afectación universal y trágica, pone de manifiesto que la salud es demasiado importante, que los profesionales de la salud están en el primer lugar y entre las profesiones imprescindibles en una sociedad moderna y que cuando comparamos la remuneración ajustada al nivel de vida de los profesionales catalanes (y españoles) con los países de nuestro alrededor, la comparación da vergüenza. Leer más

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Un sistema de salud más apto para las personas mayores

Marco Inzitari CASTEl impacto del Covid19 en las personas mayores está a la luz del sol. La mortalidad ha sido exponencial en este grupo de población heterogéneo, con una gestión del final de vida que no siempre se ha ajustado a los estándares catalanes. Con el paso de las semanas, también descubrimos empeoramientos importantes de la movilidad y de la función cognitiva, así como una multiplicación de los trastornos psico-afectivos y de las alteraciones psicológicas y conductuales en las personas con demencia.

Estas consecuencias, desgraciadamente, ponen Cataluña al nivel de muchos otros lugares del mundo, a pesar de la excelente respuesta global de la sanidad catalana, en el marco de complejidad e incertidumbres en el que hicimos navegar, que evitó consecuencias peores. El documento Impacto de la pandemia del Covid19 a las organizaciones sanitarias: 25 propuestas de lo que hemos aprendido de la Sociedad Catalana de Gestión Sanitaria, es difícil no suscribir algún punto, menciona algunos factores clave, como la implicación de los profesionales y el liderazgo de la alianza entre clínicos y gestores.

Mucho se ha escrito y se escribirá sobre el impacto en las residencias de ancianos y su futuro, y por eso dejaré que diferentes documentos a los que he colaborado, como el informe del Grupo de Trabajo Multidisciplinar del Ministerio de Ciencia e Innovación y el posicionamiento de la Sociedad Catalana de Geriatría y Gerontología (conjuntamente con FATEC y iSocial), hablen por mí.

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Las reformas pendientes en la atención hospitalaria

Gemma Crawinckel CASTPor Gemma Craywinckel

Gerente del Hospital de la Santa Creu i Sant Pau de Barcelona

Recientemente, bajo la autoría única o compartida de la Sociedad Catalana de Gestión Sanitaria, se han publicado dos documentos que tomando como punto de partida el impacto del COVID19, transforman las lecciones aprendidas en una serie de propuestas de cambio para la reforma y mejora del sistema de salud. Se trata del documento Impacto de la pandemia del COVID19 en las organizaciones sanitarias. 25 propuestas de lo que hemos aprendido y el decálogo para la reforma del sistema de salud de Cataluña.

Estos análisis y sus conclusiones evidencian una serie de reformas pendientes, desde la perspectiva de la macro gestión y la gobernanza, que nos han de servir de base para repensar también los cambios pendientes dentro de las organizaciones.

En concreto los hospitales de agudos, y cuánto de mayor tamaño sean más, tienen grandes fortalezas, pero también arrastran carencias y maneras de hacer muy mejorables, y quizás ahora tenemos una oportunidad para corregir algunas, desde la perspectiva de la meso y la microgestión.

Sobre la financiación 

Por si aún no se ha dicho lo suficiente, el sistema sanitario en general y los hospitales, en particular, están claramente infrafinanciados, y esto condiciona, cada vez más, cualquier intento de reforma. Si no se dispone de suficientes profesionales, si éstos están poco reconocidos y mal retribuidos, y si no disponen de las estructuras y los equipamientos necesarios para desarrollar su trabajo con calidad, difícilmente se sentirán partícipes de las voluntades de cambio. Si no garantizamos la base de la pirámide de Maslow, es imposible pedir creatividad y desarrollo.

Sobre la relación con el Departamento de Salud y el CatSalut

Debe haber confianza y transparencia, escucha activa, debate abierto, decisiones argumentadas y basadas en criterios objetivables, planificación, equidad y al mismo tiempo voluntad de reconocimiento de la diferencia, y gobernanza sólida.

Sobre la autonomía de gestión y la burocratización 

Agilidad en la toma de decisiones. Procesos transparentes, pero con menos intervencionismo administrativo y mayor orientación a resultados. Tolerancia al riesgo. Minimización de tareas burocráticas y / o sin valor añadido vinculadas al core asistencial. Potenciar alianzas estratégicas, nuevas fórmulas de relación con proveedores y colaboración públicoprivada.

Sobre la cartera de servicios, al encaje en el territorio y en la continuidad asistencial

En clave territorial, es relevante responder a quién hace qué y dónde lo hace. Esto interpela a todos los actores de todos los niveles asistenciales y obliga a una revisión (de cada entidad y conjunta) de la cartera de servicios. Es un punto de partida indispensable para garantizar a la población la mejor atención, en el menor tiempo posible, en el nivel más adecuado, sin duplicidades ni bucles, y a lo largo de todo su proceso, asistencial y vital.

Sobre la gestión clínica, la jerarquía y la organización del trabajo

Un centro sanitario, como organización de profesionales altamente cualificados que trabajan para el cuidado y curación de los pacientes, no puede funcionar si no es con una base sólida de gestión clínica. Esto significa reconocer y asumir que la mejor respuesta a las necesidades del paciente y, al mismo tiempo, la mayor eficiencia para la organización, surge del conocimiento y la proximidad. Así, hay que dotar a los profesionales de autonomía y de herramientas para poder obtener los mejores resultados, así como garantizar que los profesionales están implicados y comparten los valores y los objetivos de la institución y del sistema de salud.

La jerarquización de los centros sanitarios, y muy especialmente de los hospitales, es sin duda necesaria para dotarlas de un marco organizativo estable. Son empresas, con un número muy elevado de profesionales, y además es necesario dar cumplimiento a determinados parámetros normativos vinculados a diferentes responsabilidades. Dicho esto, es una fórmula absolutamente ineficiente y contradictoria con un modelo de orientación a paciente y resultados, entorpece el desarrollo de los liderazgos participativos y del trabajo en equipo, y dificulta enormemente la gestión del cambio. Hay que mantenerla por lo positivo y necesario, pero es necesario encontrar fórmulas alternativas para la organización, mucho más alineadas con el concepto de gestión clínica.

Si el paciente es el centro de las actuaciones, los profesionales deben aprender a trabajar en función de lo que el paciente necesita en cada momento, y se hace difícil imaginar que esta necesidad se pueda simplificar en un estamento o una especialidad. Hay que abandonar los esfuerzos por la inter y multidisciplinariedad desde las reivindicaciones de cada colectivo, y trabajarlos desde la mirada del usuario y del desarrollo competencial de los profesionales.

Debemos evitar un trabajo basado casi exclusivamente en el presencialismo y los resultados cuantitativos, aunque ciertamente los hospitales trabajan con dispositivos de atención continuada que no son prescindibles y deben dar respuesta medible a determinados parámetros de actividad. Dicho esto, y siempre con garantías de calidad y seguridad de pacientes y profesionales, se puede avanzar muchísimo en fórmulas de atención no presencial, de apoderamiento personal de apoyo asistencial, de maximización y eficiencia competencial, de jornada y horarios flexibles y deslizantes , e incluso de autogestión en determinadas áreas, orientando estructuras y personas en el logro de objetivos compartidos.

Sobre los valores 

Para conseguir los mejores resultados, los objetivos de la organización y los de sus profesionales deben ser compartidos, al menos en buena parte. Sin embargo, en algunos casos la carrera profesional, académica o de investigación, así como la toma de decisiones individualizadas ante un paciente, pueden entrar en conflicto con las necesidades o prioridades de la organización. Y a veces, son los objetivos de la organización o del sistema los que generan un conflicto de valores en los profesionales. Hay un ejercicio honesto dentro de las organizaciones a la hora de identificar y explicitar los objetivos de los diferentes actores, y se necesitan fórmulas para hacerlos compatibles.

Creo importante abordar una reflexión conjunta desde la vertiente de los valores de la ciudadanía, de los profesionales, de las organizaciones y del sistema, que nos lleve a una gestión orientada a resultados de salud, enmarcada en estos valores que, más que nunca con el entorno actual (pandémico, económico, político y social) necesitamos compartir para lograr un sistema de salud eficiente, fuerte, equitativo y justo.

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Apostar por la sanidad pública: más autonomía y capacidad de gestión para las organizaciones sanitarias

Joan Barrubés CASTPor Joan Barrubés

Socio director de Antares Consulting

Las organizaciones han sido sometidas durante la crisis sanitaria del Covid19 a una situación de estrés insólita, que ha puesto de manifiesto que la actual rigidez jurídica, administrativa y de gobierno de las instituciones sanitarias no está adaptada a la complejidad de su gestión, donde debe predominar la autonomía, la profesionalidad y el liderazgo clínico.

La crisis económica de 2009 llevó inicialmente esperanzas de cambios estructurales en el sistema sanitario, que finalmente no se produjeron. La sanidad pública no se puede permitir dejar pasar una nueva oportunidad de cambio y transformación.

Uno de los elementos importantes en la gestión de las organizaciones sanitarias, sean hospitales o centros de atención primaria, es su capacidad de conducir de forma profesionalizada, autónoma y con criterios clínicos para conseguir los mejores resultados en salud posibles con los recursos existentes. Hoy, esta capacidad no se da suficientemente en nuestro sistema.

Desgraciadamente, el debate sobre la capacidad de gestión de los hospitales ha versado tradicionalmente entre las opciones de propiedad del hospital: público o privado. Y no se ha entrado en profundidad en elementos como dotar de un marco de gestión apropiado en el hospital público. En los últimos años, todos los sistemas sanitarios públicos europeos han hecho esta apuesta. Leer más

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Destilar el conocimiento sobre Covid19

 

cochrane_iberoamerica_stacked_rgbPor Gonzalo Casino, Ivan Solà y Xavier Bonfill

Centro Cochrane Iberoamericano, Barcelona.

Hospital de Sant Pau

comunica@cochrane.es

En lo que va de año, se han publicado, difundido como prepublicaciones y puesto en marcha miles de estudios sobre la Covid19. Buena parte de la industria editorial ha levantado sus barreas de pago para hacer realidad, aunque sea de forma transitoria, la ciencia abierta. Esto ha facilitado la aceleración de los proyectos para una vacuna tras conocerse la secuencia del genoma del virus y la realización de ensayos clínicos y otros estudios para responder a preguntas urgentes. La maquinaria investigadora mundial se ha volcado de forma excepcionalmente rápida en un desafío científico, tecnológico y sanitario mayúsculo. Pero la crisis no es excusa para la excepcionalidad en el rigor metodológico, como advertía un reciente artículo en Science y también en “La volatilidad del conocimiento científico en tiempos de la Covid19”. La ciencia tiene su tempo, que no es el de las emergencias ni el del periodismo, y los atajos alimentan la mala ciencia, el despilfarro, la incertidumbre, el desconcierto y el conocimiento volátil.

Ciertamente, el problema de la mala ciencia, con sus resultados inciertos y problemas de replicabilidad, se ha venido incubando durante décadas. La comunidad científica sabe mejor que nadie cuánto estudio inútil y cuánta volatilidad hay en la investigación sobre la covid-19. A pesar del volumen ingente de estudios (solo al New England Journal of Medicine le llegan cada día 110-150 manuscritos sobre Covid19 y algún día hasta 200), hay todavía demasiadas preguntas sin respuesta con un mínimo de certeza. Desde las que se hace todo el mundo (¿cuándo tendremos una vacuna? ¿cuánto durará la pandemia?) a las más técnicas sobre la contagiosidad del virus, la respuesta inmunológica o la variabilidad individual.

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Vicente Ortun

Para que la gestión nos importe a todos

Vicente OrtúnPor Vicente Ortún

Catedrático Emérito Economía y Empresa, Universidad Pompeu Fabra

Vocal Junta Directiva Sociedad Catalana de Gestión Sanitaria

‘La gestión importa’ da título al blog. Curiosamente el aldabonazo científico a este lema resulta relativamente reciente: Se sabía que la gestión importaba pero tanto las medidas de la calidad de la gestión como de su impacto en el buen funcionamiento de diferentes países deben mucho al World Management Survey, ya en este siglo.

Las 25 propuestas de la SCGS insisten en la importancia de la gestión al proponer que la capacidad resolutiva mostrada durante la primera fase de la pandemia actual y la agilización de procedimientos que el estado de excepción ha permitido no desaparezcan con éste. Diversas entradas han profundizado en cómo hacerlo: Antoni Sisó, Olga Pané y Julio Pascual, y Ricard Meneu et al. entre otros. Estas líneas se centraran en dos avenidas que deberían llevarnos a que la gestión nos importe a todos: 1/ Que se hable de resultados en salud y bienestar (aquello que preocupa a la sociedad) y 2/ Centrarse en la mejora de la gestión pública.

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Olga Pané

Recuperando los valores perdidos, una oportunidad para el futuro

Olga Pané CAST

Por Olga Pané

Gerente del Parc Salut Mar y vocal de la Sociedad Catalana de Gestión Sanitaria

Debemos felicitarnos de la extraordinaria iniciativa de nuestra sociedad científica, y la gran agilidad demostrada al poner sobre la mesa el documento del Impacto de la pandemia del Covid19 en las organizaciones sanitarias. 25 propuestas a partir de lo que hemos aprendido. La Sociedad Catalana de Gestión Sanitaria (SCGS) demuestra no sólo buenos reflejos, sino también que la actuación decidida en el frente de la respuesta organizativa no nos ha impedido hacer un análisis sosegado y mirando al futuro.

Vivimos tiempos muy complejos. Un listado de demandas infinitas de recursos procedentes de cualquier sector de nuestra sociedad, desde salud al turismo, desde la educación a la cultura, no despierta ninguna sospecha de que no puedan ser atendidas. Parece que Europa debe solucionarlo, y de momento se reservan las malas noticias para los contribuyentes.

Tengo la impresión de que me he perdido algo y que algo no acaba de cuadrar.

El ambiente político propicia el desacuerdo en vez de las sinergias. Que haya fiscales que investiguen los protocolos de ingreso a las Unidades de Cuidados Intensivos (UCI) o que haya un aluvión de demandas en los juzgados porque los EPI no estaban disponibles ni los hospitales ni en el mercado, o que la Guardia civil investigue al único profesional que ha estado al pie del cañón dando la cara ante el país entero, en medio de una crisis sin precedentes, desanima.

En resumen, nos faltan muchas cosas, nadie explica con claridad a la sociedad el esfuerzo necesario para conseguirlas, y además los políticos están enfadados unos con otros.

Como decía Tony Judt: algo va mal.

Las propuestas de la SCGS requieren del propósito de quienes tienen las competencias para ejecutarlas, pero en el actual entorno político, dudo que haya la voluntad, la decisión y el valor para hacerlo.

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¡Ahora es el momento!

Pere Vallribera CASTPer Pere Vallribera i Rodríguez

Presidente de la Sociedad Catalana de Gestión Sanitaria  

Ahora o nunca: tras décadas de informes, propuestas y planes de reforma y de sus modelos de gestión, la pandemia del COVID19 ha demostrado como nunca la necesidad urgente de hacer frente a las debilidades que cuestionan, antes ya se cuestionaban en algunos casos,  la viabilidad y el funcionamiento de nuestro sistema de salud. Paralelamente, la crisi también ha evidenciado donde recaen sus principales fortalezas: un sistema equitativo, que atiende a todos los ciudadanos, dotado de profesionales de alto nivel, también en el ámbito de la gestión sanitaria y clínica y en el caso de Cataluña, con unas organizaciones fuertemente vinculadas al servicio público, independientemente de su titularidad.

Es el momento que profesionales clínicos y gestores propongamos i exijamos, de manera decidida, que se aborden las reformas imprescindibles para dotar a nuestros ciudadanos de un sistema de salud y unas organizaciones robustas, ágiles y más justas, con unos profesionales con mejores condiciones y con los instrumentos de gestión y organización actualitzados, que lo hagan posible.

No, no tenemos el mejor sistema de salud del mundo, pero podríamos aspirar a acercarnos aspirar a acercanos a este hito. Porque posiblemente, lo que sí tenemos son los ingredientes para tenerlo,  pero también algunos escollos nos lo impiden, como la importante infrafinanciación crónica, las condiciones salariales de los profesionales y los modelos laborales obsoletos, las rigideces de las organizaciones sanitarias, la insuficiente integración entre los distintos niveles de atención, también con el ámbito social o una burocracia paralizadora que impregna cualquier tipon de decisión y que, en ocasiones, orienta el sistema hacia el cumplimiento de la norma, pero no hacia las necesidades del ciudadano.

En definitiva, aspiramos a un sistema con un presupuesto adecuado, con unas organizaciones con autonomía de gobierno y gestión, que valoren y financien por los resultados, con un modelo profesional que priorice el trabajo interdisciplinario, la experiencia y la competencia, un marco laboral y unas condiciones laborales adecuadas y competitivas, así como unos modelos de organización asistencial basados en la autonomía y la transversalidad y orientados a la obtención de valor y que tienen en cuenta las espectativas y las decisiones de los pacientes.

Este modelo sí que podría y tendría que convertirse realmente en un referente de servicio a la salud de la población. Las 25 propuesta elaboradas por la Sociedad Catalana de Gestión Sanitaria van en esta línea.  Pero es necesario establecer complicidades con los profesionales y seus representantes, el mundo académico y colegial, para que se escuche nuestra voz.

JordiRiba

El trabajo social sanitario en la atención primaria de salud: enfocar para reenfocar

Jordi Riba CASTPor Jordi Riba

Responsable del Área de Trabajo Social 

Gerencia Territorial de Barcelona del Instituto Catalán de la Salud

La pandemia de la COVID-19 ha obligado a una readaptación exprés por parte de todos los profesionales sanitarios ante las nuevas necesidades de la población y, de una manera especial, a las trabajadoras sociales sanitarias (TSS).

En un primer momento fue necesario pensar en nuevas respuestas a las necesidades de la población por parte de las TSS, y poner la mirada en aquellas situaciones urgentes, dejando en un segundo plano aquellas demandas demorables.

Esta situación comportó, durante la primera semana, la necesidad de realizar planes de contingencia parareestructurar la organización, adaptando las funciones de las TSS, con cambios de horarios voluntarios para darcobertura total de turnos de trabajo y equipos de atención primaria (EAP), incluidos los fines de semana, y poder dar respuesta a las necesidades de otros servicios sanitarios, instituciones o administraciones públicas.

La declaración del estado de alarma en todo el país y las indicaciones de confinamiento de la población comportó la necesidad de evitar toda visita presencial en los centros de atención primaria que no fuera de urgencia, evitando así el riesgo de contagio de los pacientes y también de los profesionales. Esta atención se vio sustituida por la potenciación del seguimiento telefónico y telemático de los pacientes.

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Àlex Marieges

La gestión de la crisis del Covid19 en salud mental

Àlex Marieges CASTÀlex Marieges Gordo

Director enfermero y de Atención Directa. Sant Joan de Déu. Terres de Lleida 

Presidente de la Associació Catalana d’Infermeria de Salut Mental

La pandemia por Covid19 ha supuesto toda una prueba de estrés para la población general y para los profesionales del ámbito de la salud. También para los que nos dedicamos a la salud mental.

Nuestros equipamientos y los stocks de material de las entidades que nos dedicamos monográficamente a la salud mental no estaban diseñados ni preparados, por defecto, para enfrentarse a situaciones como las actuales.

El uso de EPI, definir zonas de aislamiento, confinar a los usuarios en un doble confinamiento debido al hecho que supone estar ingresados ​​-en ocasiones involuntariamente- y extremar las medidas higiénicas y sanitarias, ha sido todo un reto del que, de momento, nos estamos saliendo, pero con dificultades y un gran esfuerzo por parte de todos los profesionales implicados.

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